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NI DIOS CONDENA EL PECADO

Ni Dios condena el pecado, mucho menos lo puede condenar un sacerdote o un gurú. El pecado, como transgresión de las “Tres Constantes de la Metafísica" -el “Cristo Interno”, los “Siete Aspectos de Dios” y los “Siete Principios’’-, por “Principio de Causa y Efecto”, se le devuelve a su autor en sufrimientos. “Cada pecado hace sufrir su penitencia”. Si el único pecado es la ignorancia, la ignorancia es la causa del sufrimiento. De esta forma se aclara que pecado no significa algo por lo que hay que condenar a alguien, la misma persona se condena o hay que ir a un infierno, pues el infierno es la misma vida del transgresor cuando se le devuelve en penurias lo que ha hecho.

Como ya hemos visto, el pecado es un error, y la mayoría de los errores se pueden corregir, con menores o mayores consecuencias, dependiendo de su magnitud. Pero malsanamente, bajo la acusación de pecado, algunas “mentes contaminadas” han querido manipular a personas, condenándolas a un terrible infierno, creándoles complejos de culpabilidad.
La mente humana ha clasificado los pecados en “pecado original”, “pecado venial”, “pecado mortal” y “pecado capital”, siendo los veniales aquellos que la imaginación considera menores. Como “pecados mortales” se consideran aquellos que destruyen la Vida en Estado de Gracia y conducen a una supuesta condenación eterna. Teóricamente, ambos tipos di pecado podrían ser perdonados mediante sacramentos, penitencias o arrepentimientos.
Texto extraído del libro "Solo Dios Basta" de Rubén Cedeño publicado por Editorial Señora Porteña
 
 
 

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